Racional, 2004 (Yeso, plexiglas, 80 x 55 x 55 cms)
Yoan Capote (artista cubano)
Racional, 2004 (Yeso, plexiglas, 80 x 55 x 55 cms)
Yoan Capote (artista cubano)
Los cuerpos en la misteriosa llovizna tropical,
en la llovizna diurna, en la llovizna nocturna, siempre en la llovizna,
los cuerpos abriendo sus millones de ojos,
los cuerpos, dominados por la luz, se repliegan
ante el asesinato de la piel,
los cuerpos, devorando oleadas de luz, revientan como girasoles de fuego
encima de las aguas estáticas,
los cuerpos, en las aguas, como carbones apagados derivan hacia el mar.
Sea la muerte de capa negra
y su aureola de un amarillo intenso
y tenga las costumbres que a ella le dé la gana;
pero el amor que sea
como se practica en los trópicos:
cuerpos en pugna con la tenacidad del mediodía,
espaldas aplastando la yerba calcinada donde
el verano esconde sus pezuñas de pájaro,
y humedades mordidas, impacientes,
y el rasguño en cal viva
bajo el chorro solar.
De ‘El hombre junto al mar’ (1981)
Fuente: amediavoz.com
El cuerpo estaba más allá de los límites de su experiencia y precisamente por eso escribía sobre él infinidad de versos. ¡Cuántas veces aparece en sus versos de aquella época el pubis femenino! Sólo gracias a la milagrosa magia poética (la magia de la inexperiencia) Jaromil hizo de ese engaño paridor y copulador un objeto nebuloso y un lema de ensoñaciones lúdicas.
Así en un poema escribió que en medio del cuerpo femenino había un pequeño reloj con su tic-tac.
En otra ocasión se imaginaba que aquél era el hogar de seres invisibles.
Y en otra se dejaba llevar por la imagen de la abertura y se veía a sí mismo convertido en una canica cayendo prolongadamente por esa abertura hasta convertirse en una pura caída, una caída que por su cuerpo de por vida cae.
De la novela ‘La vida está en otra parte’, de Milán Kundera.
No hay mayor lujuria que el pensar.
Se propaga este escarceo como la mala hierba
en el surco preparado para las margaritas.
No hay nada sagrado para aquellos que piensan.
Es insolente llamar a las cosas por su nombre,
los viciosos análisis, las síntesis lascivas,
la persecución salvaje y perversa de un hecho desnudo,
el manoseo obsceno de delicados temas,
los roces al expresar opiniones; música celestial en sus oídos.
A plena luz del día o al amparo de la noche
unen en parejas, triángulos y círculos.
Aquí cualquiera puede ser el sexo y la edad de los que juegan.
Les brillan los ojos, les arden las mejillas.
El amigo corrompe al amigo.
Degeneradas hijas pervierten a su padre.
Un hermano chulea a su hermana menor.
Otros son los frutos que desean
del prohibido árbol del conocimiento,
y no las rosadas nalgas de las revistas ilustradas,
pornografía esa tan ingenua en el fondo.
Les divierten libros que no están ilustrados.
Sólo son más amenos por frases especiales
marcadas con la uña o con un lápiz.
De “Gente en el puente” 1986
Versión de Abel A. Murcia
Fuente: amediavoz.com
“To love at the end of ones life is something special. Few women can inspire that sort of love. To wake up with the words of love one one’s lips—what bliss!” Henry Miller about his late-life relationship with Brenda Venus.
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